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El médico inca sabia de las virtudes curativas de las plantas y animales.
Sobre las inflamaciones, incluso las del ojo, colocaba carne fresca, todavia sangrando, de vicuña. La sangre jugaba siempre un papel muy importante; asi por ejemplo, se recomendba sangre de cóndor para las dolencias nerviosas, sangre de vicuña cone el mal de montaña y sangre de vizcacha contra las enfermeddes del corazón.
Las visceras calientes de cobayo iban muy bien contra los dolores abdominales, y tambien contra el reumatismo.
Toda clase de callosidades, asi como las contracciones nerviosa sy los pies gotosos, se curaban con la grasa del ñandú americano.
La lana de llama y las plumas de pájaro carbonizada gozaban d emucha fama como hemostáticos; los dolores de oído se combatían instilando un líquido sacado de un riñón semichamuscado de llama, y a las mujeres en época de lactqncia se les administraba un caldo del angosta para estimular la secreción de leche.
El pimentero encontraba numerosas aplicaciones: sus delicadas ramas se utilizaban para el cuidado de los dientes, una cocción de sus hojas contra las enfermedades de la piel y las úlceras antiguas, la cocción de la corteza con el mal de pidra, y el zumo fresco para combatir el enturbiamiento de la vista, la resina seca como emplasto disolvente y también para acelerar la cicatrización de las heridas; disuelta en agua, la resina se empleaba asimismo como purgante, y esta misma resisna se aplicaba en forma de supositorio contra los parásitos intestinales.
También llaman la atención las sustancias medicamentosas minerales. Ulceras llagas y heridas se cauterizaban con sulfato de cobre y para el tratamiento de la sarna de la llama se utilizaba ununguento de grasas animales con azufre. Contra la disenteria se usaba un tipo determinado de arcilla
(chacco).

huebilú.

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