La visión de la medicina indígena

Por: Agustín guzmán kollasuyu@yahoo.com

Yo utilizo la muña

porque es una buena razón

porque cuando me siento triste

me alegra el corazón

(Recopilación de una canción de los indios Quilmes en México)

La edición hecha en 1.553 por Pedro Cieza de León del clásico “Crónica del Perú” tiene a la medicina indígena como uno de los temas que obtuvo más reconocimiento histórico. La reseña de esta obra hecha por Antonio García en la Universidad de Tarragona (España) hace énfasis en apuntar cómo la visión de Cieza de León mezcla, por una parte, una dosis de rechazo etnocéntrico a este tipo de medicamentos y, por la otra, una fascinación por lo desconocido.

En 1.767, Francisco Xavier Clavijero, jesuita expulsado del “nuevo mundo” se radicó en Italia donde condensó en su “Historia Antigua de México” parte importante de la medicina del país azteca, texto que aún se distingue como gran aporte a la investigación sobre este tema.

Hoy, 447 años después de Cieza de León y 233 de Clavijero, esta posición no ha cambiado sustancialmente. Las palabras de Cieza de León, “…los ritos y costumbres que tenían antiguamente los indios naturales, y otras cosas extrañas y muy diferentes a las nuestras, que son dignas de notar…” son frases que podrían haber sido escritas en pleno inicio del siglo XXI.

En pleno siglo XXI

“Hoy los países latinoamericanos combinan indistintamente la medicina occidental con la indígena. A pesar de que la segmentación social y territorial ha permitido un fraccionamiento de la población entre ciudadanos e indígenas”, sostiene la politóloga Luz Azuero, “aún en las áreas urbanas se mantiene la tradición de la utilización, especialmente de plantas y minerales, para la curación de enfermedades. En Bogotá, incluso en los segmentos con mayores ingresos”, añade Azuero, “es común la utilización de ciertos medicamentos naturales, de origen indígena”.

En Colombia, aunque los censos no son muy precisos en esta materia (y varían los datos, de acuerdo a la fuente), hay unos 800.000 indígenas. Es decir, casi el 3 por ciento de la población, según la Oficina de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior. Están organizados en más de 80 grupos étnicos, donde se hablan 75 diferentes lenguas, y ocupan el 25 por ciento del total del territorio nacional. En México, el 8 por ciento de la población es indígena y en Ecuador la cifra llega hasta el 20 por ciento, según datos de Ethnologue, investigación de Barbara Grimes.

A pesar de esta evidente importancia en términos demográficos y, sobretodo, territoriales, la asimetría política –sostiene Azuero- impide que sus conocimientos tengan una divulgación proporcional con su relevancia estadística. Así, la propia Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos OEA ha hecho énfasis en afirmar que los países han desarrollado un completo sistema legal para garantizar los derechos indígenas, pero muy pocas acciones para garantizar que se cumplan.

Así, mientras occidente produce, clasifica y analiza sus procedimientos y productos médicos, las características propias indígenas, en términos de ubicación geográfica y estadio de desarrollo, ha coadyuvado a que exista un gran vacío de información en esta materia.

En este mismo sentido, las propias tribus se han encargado de ocultar sus métodos de curación y las medicinas utilizadas, debido a las connotaciones espirituales que tienen, sostiene el indígena Abelardo Ramos, miembro de la comunidad indígena Nasa (descendiente del grupo de paeces), tribu perteneciente al departamento del Cauca al suroccidente de Colombia, entrevistado especialmente para Buena Salud.

Según Ramos, la medicina indígena es principalmente de carácter preventivo, responde a problemas emocionales, orgánicos y patológicos. Así, la mayoría de las comunidades indígenas no aceptan que los médicos tradicionales se muestren reacios a creencias curativas de las tribus. La razón es que para los indios, la práctica de la chamanería hace parte de sus creencias, su religión, su cultura y tradición. Por esta causa, los secretos de la curación no son divulgables para quien no cree en ellos.

¿En dónde está la diferencia?

En términos generales, la medicina indígena se diferencia de la occidental en su enfoque básico, sostiene García. Mientras que la tradición occidental hace una separación de lo físico y lo espiritual y los tratamientos están encabezados por expertos en cada una de las áreas, la tradición indígena ha tenido, en la mayor parte de los casos, una carga supersticiosa importante. “Es decir”, añade el experto, “el curandero, además de ‘médico’ ha cumplido la función de adivino”.

El choque de civilizaciones, haciendo un parangón del título del famoso investigador estadounidense Samuel Huntington, ha sido de tal magnitud que los conceptos culturales de las dos tradiciones chocan continuamente, sostiene la propia OEA. El tema de las drogas psicoactivas, por ejemplo es palpable, añade esta organización internacional. Mientras para occidente el tema es analizado desde una perspectiva urbana y clínica, los grupos indígenas lo ven como un asunto de tradición y cultura. Incluso Cieza de León entendió esta realidad al afirmar que, mientras los indígenas peruanos entendían a la coca como parte de su trabajo, “algunos en España están ricos con lo que hubieron de valor desta cosa, mercándola y tornándola a vender…”.

Hoy, según la OEA, el 42% de los cultivos de marihuana, coca y amapola en la región andina están localizados en territorios indígenas, participando en una disputa violenta, de la cual no obtienen ningún beneficio. Sólo en Colombia, 500 indígenas han sido asesinados –en 20 años- como consecuencia de este choque cultural.

¿Cuál es la medicina?

Dependiendo del avance a que haya llegado cada grupo indígena, existe un tipo de medicina. Comúnmente, sostiene Ramos, se cree que las hierbas y sus propiedades curativas son el único desarrollo médico de las comunidades. Sin embargo, como lo corroboran los estudios sobre algunas culturas como los aztecas, mayas o incas, se ha llegado –incluso- a lo que occidente llama “intervenciones quirúrgicas”. En el territorio mexicano, por ejemplo, se llevaron a cabo cirugías para abscesos, fracturas y úlceras.

Sin embargo, en términos básicos, se ha avanzado, sobre todo, en el conocimiento de tradición sobre las propiedades curativas de los productos de origen vegetal, animal, mineral, el agua y los venenos.

El Futuro

La globalización de las comunicaciones y el conocimiento sostiene Azuero ha impuesto el acercamiento entre las dos civilizaciones. Al respecto, Ramos asegura que la medicina occidental ha empezado a entender, no sólo los conceptos indígenas sino a valorar las prácticas. Según él, un partero que atiende en exclusiva a una comunidad tiene más experiencia en alumbramientos que un ginecólogo. Pero también reconoce que su comunidad entró en relación con Occidente para el tratamiento de enfermedades, donde hay importantes fuentes de investigación y práctica.

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