La tierra de la medicina: Qollasuyu
Actualidad Étnica, 23/05/2007. “Para tener buena salud hay que darle de comer a la montaña”. Para los pueblos originarios andinos, el ser humano es la unión de tres elementos vitales: la fuerza divina que otorga las facultades de pensar, sentir y moverse; el cuerpo astral o moral; y el cuerpo físico, donde se encuentran articulados indivisiblemente ambos.

El ser andino, asimismo, además de sus relaciones sociales y con la naturaleza, vive cotidianamente en su maravilloso universo sobrenatural. El pensamiento, el sentir y el movimiento son inmortales, por eso los guardianes de los antepasados, los espíritus, viven indestructiblemente en las montañas, lagos y ríos. La enfermedad, entonces, aparece asociada a la pérdida de los elementos vitales. Si la facultad de pensar, sentir y moverse sale del cuerpo, desaparece la fuerza de la vida.

Puede suceder también que, durante el sueño, el cuerpo astral o moral abandone igualmente el cuerpo. Si no regresa, su ausencia se manifestará con fiebre, malestar y dolores. Significa que el ser humano ha perdido su unidad, el equilibrio entre sus componentes vitales. Para restablecerlo y lograr su retorno, el “médico” acudirá por igual a los recursos de la naturaleza y al mundo de los espíritus, complementándolos.

Patrimonio de la humanidad. La existencia de las diferentes culturas de pueblos originarios de América Latina y de Los Andes en particular, está seriamente amenazada por un conjunto de factores económicos y políticos adversos. Enfrentan la exclusión, la pobreza, el asesinato, la invasión por parte de transnacionales mineras, la militarización de sus territorios y la destrucción de los ecosistemas indispensables para su subsistencia. En este contexto, el patrimonio de los pueblos no está a salvo.

Las normas que rigen la economía internacional constituyen, sin duda, una de las principales amenazas. Los Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos de América, sus versiones reformadas, pretenden obligar a los pueblos a conceder patentes no sólo sobre especies vegetales y animales, también incluyen procedimientos diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos.

“Se trata de invalidar el carácter comunitario de los conocimientos, permitiendo a las transnacionales biotecnológicas y farmacéuticas la apropiación privada de la sabiduría de los pueblos y la biodiversidad. Han calculado, a saber, en más de 40 mil millones de dólares al año el valor de mercado de las plantas medicinales utilizadas por las diversas comunidades indígenas”. “El conocimiento necesario es a la vez amplio, diverso y solidario”.

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