La profunda herida verde

Se conmemoró ayer y durante este año el tema de atención será “El cambio climático y la diversidad biológica”. De forma progresiva se degradan los ecosistemas más ricos del mundo

Con el objetivo de propiciar la comprensión de los aspectos relacionados con la diversidad biológica, y alertando sobre la degradación progresiva de los ecosistemas la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 22 de mayo como el Día Internacional de la Biodiversidad.

El secretario ejecutivo de la Convención para la Diversidad Biológica de la ONU, Ahmed Djoghlaf, propuso como tema para este año “El cambio climático y la diversidad biológica”, enfocando la interrelación existente entre ambos.

Según expresó “la diversidad biológica es el fundamento de la vida en nuestro planeta y uno de los pilares del desarrollo sostenible. La riqueza y la variedad de la vida en la Tierra hacen posibles los servicios indispensables que nos proporcionan los ecosistemas: agua potable, alimentos, cobijo, medicamentos y ropa”.

El territorio de América del Sur, que cuenta con un territorio de 18 millones de km2, alberga una de las áreas de mayor riqueza biológica del planeta, con gran variedad de ecosistemas, especies y genes que representan aproximadamente el 40 por ciento de la diversidad biológica de la tierra, cerca del 25 por ciento de todos los bosques del planeta, el 26 por ciento de las fuentes renovables de agua dulce y más del 40 por ciento de las especies de plantas y animales del mundo, de acuerdo a los datos ofrecidos por la Oficina Regional para América del Sur de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).

Un caso emblemático es la Selva Amazónica, cuya extensión se reparte entre ocho países sudamericanos: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, quienes comparten el Pacto Amazónico que ratifica la soberanía de los países sobre la región y un trabajo en conjunto para el desarrollo sustentable y la preservación.

Se trata del “pulmón del planeta”, la selva tropical más extensa del mundo, considerada de “Gran reserva verde” por su biodiversidad, riqueza en minerales y elementos estratégicos como el petróleo y el mayor yacimiento de tugseno.

En el año 2004 el gobierno brasileño presentó el primer proyecto de ley para entregar el 15 por ciento del territorio a la explotación privada. Más tarde, en el año 2006, el Congreso de Brasil promulgó una nueva ley de privatización.

La especialista en geopolítica y biodiversidad, Elsa Bruzzone, expresó a APM (ver: “Brasil entregó el Amazonas”, fecha: 03/04/06) que “ese mecanismo le permite al Estado de Brasil obtener ganancias, ya que las concesiones son a 40 años, por lo tanto, las empresas deberán pagar mensualmente un canon. La posibilidad de ejercer el control, ratificar la soberanía y preservar los recursos llevándolo a un desarrollo sustentable es absolutamente una falacia”.

Además afirmó “por 40 años las empresas van a tener poder de vida y de muerte, se van a llevar hasta el último árbol, van a destruir hasta el último animal y expulsar hasta el último habitante de los pueblos originarios y van a dejar todo devastado. Ya hay lagunas dentro de la Amazonia que están totalmente contaminadas y sus especies se están muriendo, ya hay ríos que están contaminados”.

Todo esto significa una degradación de la diversidad biológica, la cual es vital y esencial para contrarrestar los efectos del cambio climático. Tanto así que los manglares y otros humedales costeros constituyen un baluarte que protege de los fenómenos meteorológicos extremos y la elevación del nivel del mar. A su vez, ante la aridez y el calentamiento progresivos de las tierras agrícolas, la diversidad del ganado y de los cultivos de cereales podría brindar a los agricultores alternativas para adaptarse a las nuevas condiciones.

Por último, los bosques, las turberas y otros ecosistemas absorben dióxido de carbono de la atmósfera y de esa forma contribuyen a disminuir el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Según un informe publicado recientemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos, el cambio climático es real y continuará afectando la vida y los ecosistemas durante muchos años. Una de sus consecuencias será la extinción de un número cada vez mayor de especies y por ende la destrucción de algunos ecosistemas frágiles.

Así mismo, enuncia que “los más pobres de los pobres” serán los más afectados por esta situación. “Las comunidades indígenas, que conviven directamente con la biodiversidad verán reducir cada vez más sus ecosistemas naturales. La pesca y el turismo disminuirán debido a la pérdida de especies, lo que implica también una disminución en el abastecimiento de la oferta ambiental para este tipo de actividades económicas”, apunta el documento.

La capacidad del planeta para albergar vida se reduce, pero hasta ahora el ser humando sigue su curso normal de vida. Quizá pocos se pongan a pensar que en un lapso de cincuenta años desaparezcan los ecosistemas, puede sonar disparatado, pero está sucediendo paulatinamente y los procesos naturales como huracanes, ciclones y deshielos son más acelerados.

Son alarmas que exigen al hombre la protección de la vida, y en ese sentido se ha debatido lo suficiente. Los líderes mundiales que asistieron a la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo en 2002 se comprometieron a conseguir para 2010 una reducción importante del ritmo de pérdida de la diversidad biológica. Ese compromiso se reiteró en la Cumbre Mundial 2005.

Más allá de esto hay que tener en cuenta que los países miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur), así como otros estados de Sudamérica tienen en sus manos el futuro de las reservas naturales más grandes del planeta, que tienen que ser cuidadas a futuro para que todos los habitantes de la región se beneficien de esta gran riqueza. Todavía se está a tiempo.

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